
del libro
“Los héroes de la esquina”
(2000)
CUANDO EL SOL PARTIO
Tuve un terremoto
entre mis manos
respiraba por mis dedos
su densidad era notable
tal vez porque era de mi talla
o de mi gusto
Lo cierto es que tuve
un terremoto entre mis manos ...
lo encerré dentro de mis puños
y disfruté como sólo lo hace
el tigre en su edad
Un día
lo dejé partir
UN TAJO A LA RAIZ
Muchos puños se levantan
hasta el estómago del cielo
algo deben pedir ...
por el gesto
por la voz
por su dureza
Un puñado de golfos
los golpea por detrás
los corta al ras
secamente
y sin pudor
bien parejo y bien abajo
como queriendo matar
EL VUELO DEL JARDIN
El camión antidisturbios
es inmenso para el jardín
recién plantado
Las bestias se sacuden
un orgasmo embrionario
y arremeten ...
Los jilgueros se desbandan
pero sus voces aún caminan
en la plaza rota
LA MASTURBANDA
El arco iris sangra sobre
una avenida que exhibe sus miserias
Sus maderos inventados
gritan una piel que se oculta
en el vacío
La masturbanda circula
contaminando a los perseguidos
a los sufrientes de una ciudad sable
que agoniza
que no huele a playa
ni a sierra
y que estalla por su carne
TROZOS DE SOL
Muchos quedaron
en los sótanos con olor a viaje
cubriendo las paredes de vergüenza
Yo debo cargar trozos de sol
sobre mis hombros para alumbrar tu sueño
y apartar el frío de mi sangre
Debo llagar mis manos
sobre la corteza de un recuerdo
suspender
la credulidad de mis días ...
este encuentro furtivo con el mundo
y todos sus pedacitos de memoria
para alimentar una esperanza
para creer que el hielo no derrite
y finge su temor ante la llama
Para reanudar la existencia
tras los mares
tras los muros
PIES DESCALZOS
Sudé al paso de
botas rabiosas
sin comprender demasiado
Con frecuencia escapé
de la bajeza y sus rasgos
de indulgencia
A veces
mis zapatillas
me condujeron a ninguna rebelión
observé
y supe que bien poco podía
aún así
siempre me gustó bailar
con los fugitivos del fraude
La liturgia
de los imprudentes
me visitó en ocasiones
hasta caer a los
pies descalzos de la
poesía
Recorrí
la lejanía del naufragio
y el sonido en la caverna
los deseos de subir
al techo
a mirar los ojos de la estrella
Desde entonces
no temo
la agitación
de los mediocres
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