lunes, 29 de octubre de 2007

Libro “Los héroes de la esquina”



del libro
“Los héroes de la esquina”
(2000)




CUANDO EL SOL PARTIO

Tuve un terremoto
entre mis manos

respiraba por mis dedos

su densidad era notable
tal vez porque era de mi talla
o de mi gusto

Lo cierto es que tuve
un terremoto entre mis manos ...

lo encerré dentro de mis puños
y disfruté como sólo lo hace
el tigre en su edad

Un día
lo dejé partir



UN TAJO A LA RAIZ

Muchos puños se levantan
hasta el estómago del cielo

algo deben pedir ...
por el gesto
por la voz
por su dureza

Un puñado de golfos
los golpea por detrás

los corta al ras
secamente
y sin pudor

bien parejo y bien abajo
como queriendo matar



EL VUELO DEL JARDIN

El camión antidisturbios
es inmenso para el jardín
recién plantado

Las bestias se sacuden
un orgasmo embrionario
y arremeten ...

Los jilgueros se desbandan
pero sus voces aún caminan
en la plaza rota



LA MASTURBANDA

El arco iris sangra sobre
una avenida que exhibe sus miserias

Sus maderos inventados
gritan una piel que se oculta
en el vacío

La masturbanda circula
contaminando a los perseguidos

a los sufrientes de una ciudad sable
que agoniza
que no huele a playa
ni a sierra
y que estalla por su carne




TROZOS DE SOL

Muchos quedaron
en los sótanos con olor a viaje
cubriendo las paredes de vergüenza

Yo debo cargar trozos de sol
sobre mis hombros para alumbrar tu sueño
y apartar el frío de mi sangre

Debo llagar mis manos
sobre la corteza de un recuerdo

suspender
la credulidad de mis días ...

este encuentro furtivo con el mundo
y todos sus pedacitos de memoria
para alimentar una esperanza

para creer que el hielo no derrite
y finge su temor ante la llama

Para reanudar la existencia
tras los mares
tras los muros



PIES DESCALZOS

Sudé al paso de
botas rabiosas
sin comprender demasiado

Con frecuencia escapé
de la bajeza y sus rasgos
de indulgencia

A veces
mis zapatillas
me condujeron a ninguna rebelión

observé
y supe que bien poco podía

aún así
siempre me gustó bailar
con los fugitivos del fraude

La liturgia
de los imprudentes
me visitó en ocasiones
hasta caer a los
pies descalzos de la
poesía

Recorrí
la lejanía del naufragio
y el sonido en la caverna

los deseos de subir
al techo
a mirar los ojos de la estrella

Desde entonces
no temo
la agitación
de los mediocres

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